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“Porque, señores, la historia nos enseña que en
la noche de los tiempos, en el alba de la
prehistoria, cuando aparecieram el primer camino
y la primera huella humana, allé también, igual
que ahora, ao lado de aquella huella se
encontraba la del noble e fiel amigo de siempre,
en alegria, en el dolor, en la miseria y en la
opulencia, en la esperanza y en el desasosiego,
al lado de lacuna de un niño y cerca de la
tumba de un hombre, en la vida y en la muerte...estaba
el perro, el único ser noble hasta el punto de
lamer la herida de su amo antes que la suya,
afereciendo feliz su propria vida;el único ser
noble hasta el punto de besar la mano del hombre
tanto cuando esta le acaricia como cuando le
castiga.
Señores, yo veo en todo esto algo más que la
simple realización de un instinto;yo veo
desembocar en su psicogénesis un sentimento
superior. Yo veo, en el primer gesto, un poco de
caridad y mucha abnegación;en el segundo, mucha
gratitud;en el tercero, veo el acto sublime del
perdón.
Este
magnífico esírito de adaptación, decía, que es
propio de la especie canina, tanto en el plano
psíquico como en el físico, es lo que ha
permitido el desarrolo de un gran número de
razas. Algunas de ellas se crearaon através de
una selección natural, otras fueram
seleccionadas por el hombre, buscando resultados
práticos o con fins estéticos o para luchar
contra la soledad. Todas las razas, sin embargo,
tienen algo en común:la fidelidad hacia el
hombre, el peor tirano que ha dado la natureza.”
Texto de António Nores Martínez (1946) |